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Aparece un enrojecimiento facial persistente (cuperosis) sobre el que asientan
dilataciones permanentes de los pequeños vasos sanguíneos. Posteriormente hay brotes
de pápulas y pústulas. Las lesiones se suelen localizar en mejillas, nariz, mentón y frente.
En el varón es frecuente el crecimiento de los tejidos blandos de la nariz, lo que se
denomina rinofima. Los síntomas aparecen de forma progresiva a lo largo del tiempo
superponiéndose unos síntomas con otros. También pueden aparecer inflamación
de los párpados, conjuntivitis y otros síntomas oculares.
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