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Fundamentalmente hay dos tipos de tratamiento (muchas veces se utilizan combinados):
Tratamientos tópicos (aplicados directamente sobre la uña)
Son lacas que se aplican sobre la superficie de la uña. Requieren una gran dedicación, constancia y concienciación ya que suelen ser tratamientos de larga duración. Suelen ser suficientes para tratar las infecciones superficiales y cuando la afectación de la uña no es muy extensa (no debe afectar a la raíz de la uña).
Algunos de los fármacos empleados por vía tópica son: amorolfina, ciclopiroxolamina y tioconazol.
Tratamientos sistémicos (tomados vía oral)
Su eficacia es mayor. La duración del tratamiento también suele ser prolongado (varios meses).
Algunos de los fármacos utilizados por vía oral son: terbinafina e itraconazol.
Cuando estos tratamientos no son eficaces se puede llegar a realizar la extirpación total de la uña (ablación) mediante métodos quirúrgicos o químicos.
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