Aunque no provoca síntomas alarmantes ni alteración del estado general, puede causar problemas en la vida social y profesional, limitando el desempeño de ciertas actividades donde la estética es importante.
Normalmente los síntomas comienzan con una afectación parcial de la uña que con el tiempo se extenderá hasta afectar a la matriz (raíz de la uña) La posible ausencia de dolor y la lentitud en la progresión de la afección son, precisamente, las causas fundamentales por las que se acude al dermatólogo cuando la enfermedad está ya muy avanzada.
Los signos más frecuentes afectan a la forma y aspecto de la uña, y son:
Cambios en la forma de la uña (aspecto leñoso)
Cambios de color (amarillento, parduzco)
Aumento de grosor.
Mayor fragilidad (uñas quebradizas)
Desprendimiento de las uñas.<
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