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Los síntomas pueden ser muy variables e incluso cambiantes en una misma persona. Clásicamente se establecen 3 fases:
Fase del lactante: hasta los 2 años de edad.
Fase infantil: entre los 4 y los 10 años de edad.
Fase del adolescente o adulto joven: desde los 12 años hasta la tercera o cuarta décadas de la vida, siendo excepcional en edades más avanzadas.
El picor es el síntoma principal y frecuentemente se observan lesiones por rascado. En la fase del lactante predominan las lesiones eczematosas, siendo la cara la zona más afectada, aunque pueden verse involucradas otras zonas.
En las fases infantil y del adulto predominan las lesiones de prúrigo (lesiones de pequeño tamaño redondeadas, sobreelevadas, con una vesícula o una costra central y que pican mucho) y el engrosamiento de la piel, localizándose típicamente en los pliegues de los codos y de las rodillas, pudiendo afectarse también otras zonas. Hay una serie de procesos que se denominan formas menores de dermatitis atópica que pueden formar parte de un cuadro florido de la enfermedad o presentarse como única manifestación del proceso, relacionándose con la dermatitis atópica al encontrarse otros rasgos atópicos asociados.
La piel de las personas con dermatitis atópica suele presentar un aspecto de sequedad tanto en las fases activas como en las remisiones.
Las personas afectadas están especialmente expuestas a infecciones cutáneas por bacterias (Staphylococcus aureus), virus (herpes simple, molusco contagioso, papilomavirus) y hongos.
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