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En la alopecia androgenética el fenómeno fundamental, tanto en el hombre como en la mujer, es la miniaturización progresiva del folículo piloso en determinadas áreas del cuero cabelludo, que acaba transformándose desde pelo terminal (pelo propio del cuero cabelludo a partir de los 3-4 meses de edad, que resulta de la transformación del vello corporal tras el efecto de los andrógenos) hasta vello y, finalmente desaparece. Se trata de un proceso irreversible de forma espontánea y que se suele iniciar desde la adolescencia, debido al aumento de las cifras y actividad de los andrógenos. Existen varios andrógenos que pueden actuar sobre el folículo con un grado de actividad diferente, siendo el más activo la hormona dihidrotestosterona.
Las áreas sensibles a la actividad de los andrógenos son la zona media por encima de la frente y la coronilla en el hombre y toda la zona superior y central de la cabeza en las mujeres, estando el grado de sensibilidad y, por tanto, la tendencia al desarrollo de una alopecia androgenética, determinado por una herencia que se transmite de padres a hijos con una intensidad variable (la famosa tradición familiar)
El patrón de alopecia androgenética en los varones varía desde la acentuación de las entradas, pasando por la pérdida difusa en la zona media por encima de la frente y/o de la coronilla, hasta la pérdida de todo el cabello salvo el localizado en los márgenes posterior y laterales de la cabeza. Las mujeres presentan una pérdida difusa del cabello, a menudo con más afectación en la región superior central, sin retroceso de la línea de implantación del pelo.
Por tanto, en la alopecia androgenética se produce un acortamiento y adelgazamiento de los cabellos, que se denominan cabellos miniaturizados. Estos cabellos muestran una pérdida importante de diámetro y longitud y son el rasgo definitorio de la alopecia androgenética. La calvicie transforma un cabello largo, grueso, pigmentado (pelo terminal), en un cabello fino, más claro y corto (pelo vello)
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